LIPOESCULTURA FACIAL-COLEMAN

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En la estructura facial, debemos diferenciar los defectos ubicados en áreas funcionalmente estáticas, como la frente, la región cigomática o la mandíbula, de áreas dinámicas como los pómulos, los labios, y las regiones submandibular y submental. Para la corrección de los defectos de las zonas de funcionalidad estática podemos valorar la indicación del uso de rellenos rígidos o semirrígidos como son el cartílago, el hueso, los sustitutos óseos, o las prótesis. Para la corrección de los defectos de las zonas dinámicas, los rellenos de menor consistencia, y entre ellos el infiltrado de grasa autógena, son los que están más indicados, ya que tienen la consistencia apropiada para integrarse en las partes blandas de estas regiones de la cara.


Las mayores críticas a la técnica de transferencia de grasa autóloga recaen sobre dos potenciales problemas: la reabsorción variable de la grasa con el paso del tiempo, y la potencial creación de deformidades al infiltrarla. Los estudios volumétricos a largo plazo demuestran una tasa de mantenimiento de volúmenes superior al 30% en el tercio medio facial, y hay autores que hablan de que este volumen persiste durante años. La mayor reabsorción de la grasa tiene lugar en la región perioral, por su condición dinámica.


El éxito de la infiltración grasa depende de diversos factores: las técnicas e instrumentos usados para la obtención, la metodología seguida para el refinamiento y la infiltración; la variabilidad interindividual; el plano anatómico-quirúrgico en el que se deposita la grasa; y los volúmenes infiltrados. Una inadecuada cantidad de grasa transferida puede acarrear no solo problemas de deformidades del contorno facial, sino también un diferente grado de retención de la misma.